sábado, 15 de marzo de 2014

Jason Botkin & Curiot en Holbox




Durante el Festival Internacional de Arte Público que se realizó del 13 al 16 de febrero 2014 en Isla Holbox y en la concha acústica del centro del pueblo, los artistas plásticos Jason Botkin y Curiot, pintaron dos fantásticos personajes ataviados con corales e iconografías de las culturas autóctonas de México referidas a la dualidad.

En rigor, la dualidad es un fenómeno exclusivamente terrestre pero a través de ella, nuestros ancestros se tornaron universales, reconocieron la importancia de las sombras y observaron que la luz puede cegar si se busca obstinadamente; por lo tanto, en sus rituales, el bien y el mal fueron representados en equidad plástica.

Para nuestros mayores, el espíritu y el cuerpo así como la noche y el día, nunca estuvieron separados, formalizaron una unidad y los seres humanos se situaron en un universo estratificado en tres niveles: cielo, tierra e inframundo.

Esa percepción existencial definió el lenguaje plástico de la obra que Curiot y Jason Botkin realizaron en Holbox. Sentados en la playa y con la vista dirigida al sagrado espacio que une al mar con el cielo, en 15 minutos se pusieron de acuerdo y durante tres días sus trazos simplemente fluyeron.



Vista de frente –pero al revés de su identidad--, el costado izquierdo corresponde al Tonal, a la racionalidad, a la luz, a la simetría y fue pintado por Jason Botkin; el derecho refleja al Nagual, a la intuición, a la oscuridad, a la homogeneidad y fue creado por Curiot. Ambos artistas evitaron una intención racionalizada en la ejecución de la obra, sus pinceles transitaron entre la otredad y las sombras danzantes.


El Tonal

Antes de desembarcar en Holbox, Jason Botkin se dirigió a los pueblos mayas, a la ciudad colonial de Valladolid y visitó el sitio arqueológico de Chichén Itzá. Recorrió los secretos de las albarradas, platicó con los niños mayas de Kaua, observó la placidez de los perros, comió tortillas hechas a mano con maíz no transgénico, guardó silencio delante a las piedras que cantan, se detuvo frente a la cruz cristiana de Valladolid y supo de la existencia de la cruz del cielo maya. Constató la profundidad filosófica de la iconografía esculpida en la piedra calcárea, reconoció a la impermanencia en las huellas del jaguar, supo de las leyes del movimiento serpentino e hizo propio al relieve y al zigzagueante misterio de las sombras mayas.

Con ese bagaje ancestral, Botkin tuvo claro que México no es un país surrealista sino que se constituye de diversas realidades y que una de sus riquezas principales es el mestizaje.

Su personaje abraza una cruz que representa tanto al pasado colonial español como al milenario encuentro celeste de la Eclíptica con la Vía Láctea. Los corales configuran al cuerpo de un individuo ensimismado en sus símbolos que se descubre en permanente meditación y prescinde mostrar su rostro. 



Nos revela de soslayo sus emociones para leerlas en las cuerdas que envuelven su aparente descanso y confirman la importancia de amarrar intensidades, certezas, sueños y mutilaciones; las cuerdas simbolizan también a una de las contadas herramientas que los mayas históricos utilizaron para edificar sus Montañas Mágicas y recuerdan el amargo quehacer de los peones de las haciendas de henequén.

El calzado de su personaje es emplumando porque los seres de maíz caminan reptando entre las nubes y, detrás de su andar, surgen algunas manos abiertas con la voluntad dirigida hacia el cielo evidenciando la ausencia de una arma cuando saludan a la distancia al forastero. En el costado izquierdo y sobre la superficie de un coral rodeado de peces, siete orondas hojas de un mágico árbol se alinean como las plumas de un penacho sagrado que unifica al mar con el cielo; figuran una estela del pensamiento reflexivo y unifican con su erguido gesto al estratificado universo maya.



Rodeando al personaje de Botkin, apareciendo vibrante hacia el centro de la composición y proveniente de una simétrica serpiente, la cabeza de un jaguar azul señala el inicio de un “portal” desde donde surge una espiga de agave y preside al espectro crotálico de una víbora emplumada que se pierde girando en la oscuridad de su vientre.

La obra de Botkin retoma a la geometría sagrada y los ángulos rectos esculpen los costados de la luz que acecha entre la sombras; sus colores palpitan en la profundidad del contraste y, en el momento en el que los rosas y los azules conducen nuestra emoción hacia el firmamento: los aromas térreos que sostienen al calzado emplumado y al pensamiento ensimismado de su personaje coralino nos hacen tangible a la fragilidad del cuerpo.

  
El Nagual



Curiot da vida a personajes gestados en la sublime sensación de la quietud, poseen la fiereza monumental y al mismo tiempo son frágiles y sutiles espectros de nuestros deseos profundos. En Holbox, Curiot reconoció a la intensidad del silencio que abraza la oscuridad de las islas y decidió comulgar con el origen de las formas; fue un gran desafío porque por las noches desaparece la profundidad y los colores se mimetizan con el cielo estrellado, pero Curiot es paciente, disciplinado y tenaz, fusiona lo majestuoso con lo sutil.

Surgiendo de los recovecos coralinos, el personaje nocturno de Curiot camina de derecha a izquierda pero mira de izquierda a derecha, su transfiguración chamánica y su voluptuosa forma nos recuerda al Sapo Bufo Marinus que nuestros mayores veneraron y se sirvieron del alcaloide que contiene su piel para acceder a la otredad. Al igual que el venerable sapo, el personaje de Curiot es nocturno; en sus piernas contiene las grecas alusivas a la dualidad y a la vírgula de la palabra; en sus brazos reposan las flores del camino nocturno y su ojo está rodeado de cuentas de jade que los mayas consideraron aún más preciadas que los metales luminosos por su dureza y por su relación con el verde azulado que consideraron sagrado.



El personaje de Curiot contiene los secretos nocturnos que se relacionan con el origen y con la Creación en la cosmovisión de las Culturas  Autóctonas de México. Al igual que los mensajes divinos, es en sí mismo una metáfora, su lenguaje corporal recorre al pasado y al futuro, mira al cielo pero se sustenta en el fondo marino. Su mano izquierda reposa con suavidad entre las grecas y las espigas de magueyes estilizados; su cuerpo contiene el poder de las curvas y cuatro bandas con ángulos no tan rectos  se incrustan entre su pierna y su ojo configurando a un inesperado rostro que por derecho propio se hizo presente sin que el autor lo hubiera invitado …  el conjunto de las formas lo invocaron.

Cuando Jason Botkin colocó al jaguar de cabeza azul, Curiot sintió que era prudente contestar aquel acento con una propuesta contrastante que equilibrara la fuerza del felino sin desmeritar su presencia. Frente al jaguar azul, dibujó entonces un pequeño ojo similar al de su personaje marino quien adquirió el poder de la ubicuidad al materializar a su nagual frente a la cabeza del jaguar azul de Botkin; más tarde y para dotarlo de vida, movimiento e impermanencia, lo rodeó de flores.



Debajo del segundo ojo que mira de frente al jaguar azul, se encuentra una serpiente que como la luz del cielo surge desde la oscuridad nocturna y se complementa con la serpiente de Botkin; ese juego serpentino recuerda a la esencia dual que con dos serpientes envuelve a la Piedra del Sol del pueblo mexica (azteca) y a la dualidad serpentina maya que se proyecta en una serpiente de fuego que asciende y en otra de agua que desciende por las alfardas de las montañas sagradas de Chichén Itzá.




Intento

Holbox es tradicionalmente traducido como Hoyo Negro, aunque son vocablos mayas, su origen se pierde en los misterios suspendidos en el tiempo. Hol puede ciertamente ser Hoyo, pero también podemos traducirlo como “Portal”, apelativo que le otorga una dimensión mística y trascendental, como el espíritu de la isla.



Curiot y Jason Botkin se dejaron guiar por la atmósfera mágica de Holbox y tradujeron plásticamente las esencias que configuran al Mundo Maya y a los pueblos mexicanos.

Decidieron partir de la percepción dual y el acento que cerró su obra fueron las manos que colocaron en los costados, Jason Botkin la pintó en la obra de Curiot y él a su vez en la obra de su compañero de aventura plástica; al mostrarse una con la palma extendida y la otra al revés, otorgan a la obra la sensación de girar en torno a la concha acústica, de ambas manos surgen flores como las que se les deseaba a los caminantes de la antigüedad.



Tradicionalmente y por estar en el Mundo Maya, se hubiera colocado una Ceiba al centro de la obra, pero Curiot y Jason Botkin decidieron pintar el corazón florido de un agave para que cuando sus frutos caigan, germinen otros cactus. La planta del agave surge de un espacio negro, de un Holbox, del portal que comunica al espectador y a los creadores con la otredad hecha tangible.



Claudio Obregón Clairin.

Derrumbes en la Soledad...





--¿Es usted creyente?

--No, soy dudante...

--Pero... entonces, si no cree… ¿en qué cree?

--Dudo

--Tenga entonces un coscorrón, a ver ¿duda del dolor?

--Oiga, no se pase, ahora dudo de su cordura

--Pero le dolió verdad o ¿todavía duda de ello?

--Dudo que usted quiera saber la verdad

--¿Cuál verdad?

--Que todo es relativo y sometido a la creencia

--¿Cuál creencia?

--Cualquiera, como en la que usted cree...

--Pero si creo existo, si nada más pienso no actúo y si existo es porque estoy seguro que existo, de eso no dudo...

--Usted tiene creencias que lo conducen a creer que cree en algo cierto pero todo lo que creemos pasa de moda o dígame: cuando los aztecas creían que el Sol no saldría si no le daban corazones humanos para que se los comiera, nunca imaginaron que el Sol saldría después de que los castellanos y aragoneses destruyeron el templo del Sol; sin embargo, siguió saliendo...

--Si pero es que sus creencias eran muy disparatadas

--Y las de usted ¿por qué deberían ser correctas?

--Porque no dudo de ellas

--¿En qué cree exactamente?

--En que todo lo que existe es porque forma parte de un orden divino

--Pero todo surgió de un caos, aunque esa es otra creencia

--Bueno, en el principio fue el verbo…

--Mire, usted se maneja con adjetivos que lo conducen a utilizar preposiciones y termina siendo un acento en un verbo que no se acentúa, como quien dice, es usted prosódico y por lo tanto existe pero no es tangible porque usted simplemente cree en creencias...

--Y usted se cree el muy sustantivo pero vive en un paréntesis pensando en un punto y seguido siendo simplemente una comilla de un enunciado existencialista que vive frustrado por no poder partirse en dos para estar tanto al principio como al final de la frase.

--Eso es lo que usted cree

--Eso no lo creo, es algo cierto

--No es cierto

--Sí, es cierto, sino.. a ver... demuéstremelo...

--Cómase éste hongo

--A ver démelo...mñiam...mñiam... sabe a tierra y es dulzón...

--No hable pendejadas, a partir de ahora todo lo que diga será usado en su viaje

--¿Cual viaje?

--Son Hongos psicotrópicos... se llaman derrumbes...

--Oiga... no sea usted pasado

--Usted da coscorrones.. yo doy viajes

--Guácatelas...

--¡No blasfeme! ¡Ni intente vomitar!

--Es que ya me dio miedo

--Esa es otra creencia

--Usted no se va ir... verdad, no me va a dejar aquí solito...

--¿Le da miedo la Soledad?

--Un poco, bueno si... bastante...

--Por eso cree, para no sentirse solito...

--Oiga me están dando extrañas sensaciones en la panza, como si tuviera mariposas que quieren volar...

--El que va a volar es usted...

--Pero usted no comió... ¿no me va a acompañar?

--No necesito comer hongos para volar

--¿Cómo es eso?

--El Hongo hablar una vez, claro y fuerte... si no le hace caso y lo vuelve a comer, entonces lo regañará...

--¿Pero no hace daño el hongo? ¿No me voy a intoxicar?

--De todas las substancias que alteran la conciencia, científicamente está comprobado que el Hongo es lo que menos hace daño

--¿Y cuál es la substancia que más hace daño?

--El alcohol y es legal, es más, lo publicitan…

--Pero yo creía que era la cocaína…

--Ya ve que todas las creencias no son reales

--Pero tampoco es real que se están moviendo las paredes ni que siento como que me zumban los oídos y escucho mi corazón latir muy claramente y no siga pensando que estoy empezando a viajar… oiga… ¿cómo es que puedo leer su pensamiento?

--Porque está usted conectado con la unicidad

--Entonces por eso siento que soy aquel árbol y también escucho que aquellos cenzontles están platicando las historias que vivieron ayer... oiga... ya se dio cuenta que esas aves están diciendo de que ayer llovió y hoy van a comer muchos gusanos que van a salir de la tierra y ¡vea usted a esas rocas! ¡Están respirando…! Oiga ¿es de noche o de día? Porque el Sol ahí está y de pronto me da frío explíqueme ¿que chingaos me está pasando?

--Usted ha dejado de creer y ha empezado a ver…

--Me siento como un niño… todo tiene sentido, es más... usted ya no me cae gordo ni tengo ganas de darle otro coscorrón como quería hacerlo hace rato y tengo la sensación de que voy a volar…

--Hágalo…

--Pero eso es imposible

--No para los dudantes…

--Pero yo soy creyente

--¿En qué cree?

--En lo que veo

--Entonces véase volar

--Pero eso está reservado para los ángeles

--¿Quiere usted ver a Dios o a su primo?

--A Dios, por supuesto…

--De un salto… y luego otro y luego otro, antes de llegar a aquel árbol estará usted camino a Dios

--Mejor me quedo aquí sentado, me hago chiquito en éste rincón

--Ese es el camino más rápido para llegar a Dios

--¿Por qué?

--Por que Dios está dentro de usted, y cuando lo vea, dejara de creer y empezará a dudar en las creencias, se sentirá pleno con su verdad…

A media noche, el creyente se levantó de su rincón, alzó la mirada al cielo estrellado y al verse solo, dio gracias a Dios, luego caminó sonriente, sereno, sabiendo que pronto vería a su familia y por vez primera no apresuró el paso, dejó de creer en las creencias para empezar a ver las vivencias…

sábado, 8 de marzo de 2014

El Pitz o Juego de Pelota Maya


En los alrededores del cerro El Manatí, ubicado en la cuenca del río Coatzacoalcos, Veracruz, los arqueólogos Ponciano Ortiz y Carmen Rodríguez recibieron  en 1988 unas pelotas de hule que algunos campesinos habían encontrado en la construcción de un estanque y más tarde, durante sus excavaciones, localizaron otras pelotas asociadas a ofrendas masivas de hachas de jade. Las dataciones sitúan a 12 pelotas de hule en tres diferentes fases, destacan las pequeñas que fueron manufacturadas hace 3 500 años y oscilan entre 8 y 15 cm de diámetro; en tanto que las que miden 25 cm de diámetro, fueron encontradas acompañadas de bastones de mando y con la datación del sistema C 14 las ubicaron hacia el 1 200 a.C.



Los mayas heredaron de sus ancestros zoques, mocayas y olmecas un bagaje cultural y una estructura política sustentada en un corpus mitológico que estableció rituales de origen chamánico en los que los dignatarios procuraron una íntima relación con sus ancestros; con sus entidades divinas que nombramos dioses y reprodujeron en rituales como el Juego de Pelota los pasajes mitológicos que formaron a los seres humanos y al cosmos.

Nosotros lo llamamos Juego de Pelota aunque más que un juego fue un ritual deportivo. Turísticamente es conocido como Pok Ta Pok y los glifos nos dicen que los mayas históricos lo nombraron Pitz. Sabemos por el Popol Vuh y por las imágenes de Vasos Ceremoniales que los gemelos Hunahpú e Xbalamqué descendieron al Xibalbá (inframundo) para enfrentar a los Señores 1 y 7 Muerte quienes los desafiaron a superar algunas pruebas (que simbolizan la transfiguración que los chamanes enfrentan al morir y renacer),  luego se enfrentaron en un partido del Juego de Pelota en el que estuvo implicada la decapitación de Huanahpú. Los gemelos fueron sacrificados y sus huesos molidos, los aventaron a un río subterráneo transfigurándose en bagres, más tarde emergieron convertidos en actores y mediante poderes propios de los chamanes desmembraron a los Señores 1 y 7 Muerte cobrando venganza y emergiendo victoriosos como el Sol y la Luna.


Ponciano Ortiz y Carmen Rodríguez encontraron osamentas de niños y nonatos desmembrados en sus excavaciones de El Manatí. En los frisos de los Juegos de Pelota de El Tajín y en Chichén Itzá, ubicamos a individuos que fueron decapitados, en los Juegos de Pelota de Cobá hay rostros de cráneos empotrados en los muros y en el suelo. En Toniná, recientemente fueron encontrados unas extraordinarias esculturas de cautivos que luego fueron sacrificados. Los vestigios arqueológicos de El Manatí y las evidencias epigráficas, históricas, escultóricas y mitológicas nos demuestran que se realizaron sacrificios relacionados a los Juegos de Pelota pero existe confusión sobre quienes fueron sacrificados, algunas voces populares indican que se sacrificaban a los vencedores del partido otras que a los perdedores y hay quien afirma que no lo sabemos con certeza. Pues, bien, las tres respuestas son correctas ¿cómo es posible que las tres equidistantes opciones tengan la misma validez? Me explico.

Es importante ubicar que los mayas históricos heredaron el ritual deportivo Pitz de sus ancestros, zoques, mocayas y olmecas, que no formaron un imperio sino ciudades estado, que los rituales y el contenido ritual de su “religión chamánica” evolucionó y por lo tanto los rituales que se escenificaron en los albores de nuestra Era fueron diferentes a los que presenciaron los peninsulares en el s.XVI, por lo tanto: durante el periodo histórico que va del 200 a. C al 900 d.C poseemos un testimonio escrito y leemos en los glifos que los mayas acostumbraron realizar guerras relacionadas a las posiciones del planeta Venus y a los ímpetus colonialistas de los ahauob’ (reyes); acechando y por las noches, irrumpían en los aposentos de sus rivales y no los mataban, sino que los tomaban prisioneros y los llevaban a sus ciudades para ser martirizados y desangrados ritualmente. Abatidos, malnutridos y humillados, en ocasiones, antes de ser sacrificados, los cautivos debían enfrentar en el Pitz al ahau que los había capturado, por las desventajosas condiciones en las que se enfrentaban, los prisioneros perdían siempre y eran sacrificados. Entonces, en ese periodo histórico fueron sacrificados los perdedores.  





Hacia el final del s. IX después de una tremenda sequía y de una Guerra Mundial Maya, el sistema político se transfiguró y desapareció el régimen de los ahauob' quienes utilizaban a la Palabra como medio de comunicación con lo sagrado, sustento de su Poder y la escritura era el elemento de comunión con el tiempo. Apareció entonces un régimen heredado de los teotihuacanos donde  por medio de un consejo gobernaba los Halach Uinicob'. Entonces desapareció la escritura junto al culto a la personalidad. En ese periodo y en el Juego de Pelota de Chichén Itzá, ubicamos el sacrificio de un jugador pero carecemos de los glifos que nos indiquen su identidad por lo que éste particular periodo histórico llamado Posclásico Maya, desconocemos quienes fueron los sacrificados.


Talla de madera del artista maya de Chichén Itzá Efrain Cetz

Por último, entre los mexicah (aztecas) del s. XVI, las crónicas coloniales nos indican que era sacrificado el vencedor ya que según su cosmovisión, representaba un honor entregar su vida al Sol y acompañarlo en su trayectoria celeste junto a los guerreros muertos en batalla y a las mujeres que morían durante los partos. Entre los mexicah, la víctima fue el vencedor. Las tres opciones son válidas dependiendo del periodo histórico y a la civilización que hagamos referencia.

Como el mito de los Gemelos del Popol Vuh señala que descendieron a la oscuridad del Xibalbá para escenificar el ritual deportivo de origen chamánico en el que murieron para resucitar transfigurados. Sugiero que el Juego de Pelota es un espejo cóncavo y nocturno de lo que sucede en el cielo vespertino: los anillos representan al Sol en tanto que la pelota al planeta Venus que acompaña al Sol en el horizonte al alba y en el crepúsculo. Por ello, Venus estuvo relacionado con la guerra y con el ritual de decapitación del perdedor durante el llamado periodo Clásico o periodo de la escritura.

En las ciudades de Ek Balam como en Uxmal, el Pitz se encuentra en la parte baja de la ciudad, las plataformas de los templos y habitaciones permiten escenificar el universo estratificado de Cielo, Tierra e Inframundo, pero en ciudades de un solo nivel como Chichén Itzá, la profundidad es desplazada por la dirección, así, el Pitz de Chichén Itzá se ubica hacia el poniente indicando el ingreso al inframundo, territorio del jaguar o del sol nocturno, por ello existe un templo dedicado a los felinos con un altar en forma de jaguar justo en su entrada del escenario.

En ese particular Pitz hay un impactante fenómeno acústico. A pesar de carecer de una cúpula, si aplaudimos o silbamos en el centro del Juego de Pelota, el eco se repite 7 veces, lo cual resulta enigmático. Mi propuesta para explicar esa curiosidad acústica es que los muros son ligeramente cóncavos y oblicuos, cuando uno se coloca de perfil a los muros observará que en efecto, los muros parecieran dos manos que procuran una concavidad como cuando recogemos con ellas un poco de agua de un río. 


Esa particular disposición es lo que provoca el eco ya que desde el punto de vista físico y a cielo abierto, es imposible que dos muros reproduzcan un eco que se repite en siete ocasiones, como  siete son los jugadores de cada equipo representados en los frisos y siete son las serpientes que emergen del cuello de uno de los jugadores sacrificados que carecen de un texto por lo que ignoramos su identidad.

En honor a la verdad y con el rigor científico que debe acompañar a toda investigación, es prudente realizar un ejercicio de comparación fotográfica con los muros actuales y como se encontraban antes de que fueran restaurados porque hay dos evidencias en forma de variables que pudieran conducirnos a la conclusión de que en tiempos históricos, quizá no existió tal eco: la primera es que la restauración del muro Oeste fue en realidad un reconstrucción y es el muro que tiene la mayor oblicuidad y concavidad, la segunda pasa por la simetría ya que en Chichén Itzá se cometió el error de utilizar “la plomada” para restaurar los muros dando un sentido simétrico a los muros que originalmente no poseían ya que la arquitectura maya es homogénea mas no simétrica… en ese ámbito, es prudente que futuros estudios determinen la veracidad histórica del eco del Pitz de Chichén Itzá y de ser así, habrá que preguntarse cuál era su función ritual.

En los frisos evidenciamos que son dos equipos de etnias diferenciadas y que son sacrificados jugadores de ambas escuadras; ambas cuentan con un metalenguaje plasmado en su vestimenta y los “mudras de sus manos”. Los jugadores de un equipo están ataviados con un pectoral dando sentido de unidad o identidad, el otro equipo presenta jugadores vestidos todos de diferente manera, como si fueran extranjeros, algunos portan turbantes. Es importante observar que no existe simetría en los zapatos o sandalias de los jugadores, el pie derecho tiene un zapato o sandalia diferente al pie izquierdo, siendo ésta la única imagen que he visto en la lapidaria mundial donde no hay simetría en el calzado. Aún no podemos afirmar con seguridad si tal diferenciación está relacionada con el juego mismo o con una escenificación del ámbito mitológico, lo cierto es que los jugadores están vestidos en gala, enjoyados y con una pesada vestimenta, lo cual nos plantea la posibilidad de que no jugaran con todo el atavío que llevan puesto sino que escenifican una ceremonia posterior al partido.



Los jugadores del Pitz de Chichén Itzá llevan una especie de raqueta, unos en forma de serpientes y otros de jaguares y de su cintura emerge como símbolo fálico un bastón que pudieran haber utilizado para golpear la pelota y dirigirla hacia el centro del anillo para ser pasada por el agujero que en él se encuentra. El jugador decapitado está aún de cuclillas a pesar de haber perdido la cabeza lo cual no es natural como también es notable que nadie lo sostiene sino que pareciera que ha sido sacrificado sin que manifieste desacuerdo. El jugador del equipo contrario situado delante a él, sostiene su cabeza junto a un pedernal, entre ambos una cabeza mortuoria tiene un glifo que simboliza al fuego o a lo humeante que se pronuncia: K’ak’ siendo éste el único vestigio de escritura simbólica en los frisos del Pitz de Chichén Itzá.
El Pitz que nosotros llamamos Juego de Pelota es uno de los mitos fundadores olmecas y mayas. Está emparentado con la tradición que se originó hace miles de años en las culturas boreales que plantean como mito fundacional y/o del nacimiento del Sol y la Luna a la presencia de dos hermanos. De aquel mito de las culturas de los glaciares derivaron algunos héroes y seres fundadores como Caín y Abel en el Viejo Testamento, Rómulo y Remo en Roma, Taqquiq y Siqniq en la mitología Inuit (esquimal) e Xbalamqué y Hunahpú entre los mayas.   



jueves, 20 de febrero de 2014

El Amarillo Maya



Los mayas históricos otorgaron colores a los puntos cardinales, el Este se nombró El K’in y lo pintaron de rojo porque por ahí emerge el radiante Sol que otorga color y profundidad a los objetos y al paisaje; el Oeste se nombró Och Kín y fue negro ya que al desaparecer la luz solar por el horizonte, la bóveda celeste paulatinamente es cubierta por un manto negro; el Norte se nombró Xaman y fue blanco, a mi entender, el color blanco es una reminiscencia del origen boreal chamánico que fundamentó la mitología de las culturas endémicas de la tierra que hoy habitamos. Los mayas guardaban en el inconsciente colectivo el recuerdo de que sus ancestros provinieron de una zona glaciar en la que predomina el hielo y la nieve, por ello el Norte está relacionado con la morada de los mayores; es también importante señalar que Xaman es un vocablo relacionado con los chamanes de origen boreal.




El Sur fue amarillo y se nombró Kan K’in. Su origen me resultaba un enigma hasta que decidí observar a la naturaleza. Me percaté entonces que en Invierno y en el Mundo Maya, el viento proviene del Norte, es gélido, aporta vientos y lluvias dañinas para la agricultura y la vegetación, pero conforme se aproxima la primavera, lentamente su fuerza y dirección comienza a girar hacia el Este y luego hacia el Sur; entonces nos envuelve una cálida humedad y a partir de febrero se desencadena una tremenda floración amarilla. La selva del Mundo Maya se pinta de amarillo: las carreteras son cubiertas por flores silvestres de color amarillo y cuatro variedades de árboles llamados Kan Lol --así como algunas plantas no endémicas--, pintan de amarillo nuestro entorno. Propongo que por ello, entre los mayas, el Sur fue pintado de amarillo y señalaba el final del invierno así como el inicio del periodo en el que preparaban la tierra para sembrar el maíz que también está relacionado con el color amarillo. En éstos días y hasta el mes de abril, notarás que en el Mundo Maya, el amarillo nos saluda radiante y jubiloso.



miércoles, 5 de febrero de 2014

San Agustín, Colombia




Las primeras civilizaciones del Continente Americano se desarrollaron en Suramérica: Valdivia en Ecuador, Caral en Perú y San Agustín en Colombia. Mil seiscientos años antes que los pueblos olmecas se establecieran a lo largo del actual territorio mexicano y Centroamérica, en las montañas colombianas que abrigan el nacimiento del Río Magdalena, se desarrolló la enigmática cultura de San Agustín.

Fundamentados en pruebas de C14, los investigadores Luis Duque y Julio C. Cabillos sugieren un desarrollo cultural configurado por diversos pueblos desde el 3300 a. C hasta la llegada de los españoles. San Agustín es reconocido mundialmente por la calidad y majestuosidad de sus esculturas relativas al universo chamánico y a los rituales funerarios.

La clasificación del investigador Gerardo Reichel-Dolmatoff establece cuatro estilos fundamentales en la estatuaria de San Agustín: Naturalista, Arcaico, Expresionista y Abstracto. La diversidad de estilos es producto de la longevidad del sitio y por los distintos pueblos que ahí residieron durante 4 700 años.



Existe un bagaje cultural Panamericano que contiene códigos e iconografías relativas a la simbiosis chamánica con animales totémicos, los manantiales, cuevas y las montañas sagradas. Tanto en Chavin, Perú, como en el basto territorio Olmeca y en San Agustín Colombia, ubicamos a individuos con rasgos asiáticos y negroides, así como esculturas, grabados y petroglifos relativos al transe chamánico y a los viajes estáticos en ceremonias y rituales con plantas psicotrópicas.

Las coincidencias iconográficas, mitológicas y étnicas nos indican que las culturas primigenias del Continente Americano tuvieron un pasado común y arqueológicamente fue en Suramérica donde se sitúan los primeros centros ceremoniales y las primeras sociedades urbanas.

Hace unos años tuve el privilegio de ser invitado a dictar unas conferencias sobre la Civilización Maya en la Universidad Surcolombiana de Neiva, Colombia y, gentilmente, el rector dispuso una camioneta para que un grupo de estudiantes me llevara a conocer el Parque Arqueológico de San Agustín. Fue una experiencia extraordinaria percatarme que los colombianos y los mexicanos somos hermanos desde antes de hablar español.

Las tumbas olmecas y las de San Agustín son similares, los dignatarios esculpidos en esculturas monumentales cuentan con los mismos atributos, rostros que recuperan los colmillos y la actitud  de los jaguares, labios gruesos, narices anchas y ojos rasgados. Las tumbas de dignatarios tienen sarcófagos en forma de reptiles y “dragones”; los búhos son mensajeros del inframundo pero lo que más me sorprendió fue encontrar a una águila que devoraba a una serpiente como lo vemos en la siguiente fotografía.



Durante muchos tiempo se ha visto que los chamanes olmecas toman atributos de animales y sus rostros denotan la fusión con el jaguar en sus trances. Hoy sabemos que los jaguares de todo el continente americano pertenecen a una misma familia y que fue el animal totémico por excelencia de las culturas primigenias desde el actual territorio mexicano hasta la pampa argentina.

Una de las situaciones que ha cautivado la atención y los enigmas de los buscadores es que tanto en las esculturas de San Agustín como entre los esculpidas por los pueblos olmecas encontramos rasgos negroides. En anteriores artículos he presentado una propuesta que sugiere el cruce desde el continente africano a las costas suramericanas a través de las islas que durante el Neolítico emergieron entre Brasil y Mauritania (hoy están sumergidas), además de constatar que algunas plantas como el Calabazo se ha comprobado que es de origen africano y que desde el punto de vista lingüístico es sorprendente que los idiomas bosquimano hablado en Sudáfrica y el Maya Ta’an que se habla en la Península de Yucatán, son de los últimos idiomas que utilizan glotaciones. El hecho de que los primeros centros urbanos de América se establecieran en Suramérica y que sus habitantes cuenten con características negroides, fortalece mi propuesta.

Son aún un misterio el tipo de organización social de los sanagustinos y los olmecas, pero podemos indagar en sus semejanzas iconográficas y sus expresiones mitológicas esculpidas en las piedras para develar los secretos que aún quedan impregnados en las piedras que esculpieron. 


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