sábado, 16 de mayo de 2009

Frijolitos / Cuento


Para Siam

Aquella tarde, el niño perdió el sentido del tiempo, mordió un trozo de chocolate y con sus delicadas manitas moldeó una máscara de barro que no quiso ponerse; más tarde, tomó entre sus manos dos caracoles e ignoró al silencio. Cuando se aburrió de jugar con el sonido de los caracoles, se fue a su casa cansado y sediento; la encontró vacía, se recostó en un rincón polvoriento deseando que su abuela regresara pronto del mercado, tenía hambre. Durmió una siesta y al despertar, encontró a dos aluxes que lo miraban con curiosidad, se levantó con parsimonia y cuando terminó un largo bostezo, le informaron que ellos sabían que era un mutante por haber nacido entre lo hediondo y lo divino.

-- ¿Y a mí, qué…? Contestó el niño

Los aluxes alzaron con dificultad su pequeño cuerpo y lo cargaron hasta la orilla de un río donde le mostraron cuatro jardines luminosos y siete cascadas suspendidas en el viento. 

Pasaron por ahí tres dragones, lanzaban llamaradas y anunciaban que querían un alma buena, fijaron su mirada en el niño y siguieron de largo. 

El niño preguntó a los Aluxes: 

--¿Por qué se fueron los dragones? 

Los aluxes cuchichearon y esbozaron una sonrisa, no respondieron. En ese preciso momento, un flamenco voló encima de ellos, los aluxes tomaron al niño de los hilos de su imaginación, lo depositaron en la curvatura del pico del ave y le desearon feliz viaje. El niño se puso muy nervioso, sintió que el flamenco quería comérselo; el ave abrió su pico y colocó al niño debajo de su lengua, el niño comenzó a llorar y sus lágrimas se fundieron con la saliva del flamenco, el pequeño pensó que todo había terminado, que ese era su fin, lloró, lloró y lloró hasta que el flamenco no pudo contener el caudal de lágrimas y tuvo que lanzarlo al vacío. El niño cayó dando vueltas y vueltas sin control hasta que se precipitó dentro de un cenote sin fondo, dos guacamayas comían cal en su interior, al verlo caer, se asustaron y volaron despavoridas; un perico azul lo vio descender pero no le interesó observar su caída. El niño siguió cayendo y cayendo hasta que se aburrió de caer y decidió detenerse, así, nada más, porque así lo quiso. 

Estuvo pensando cómo salir del cenote, también recordó que le gustaba mucho jugar a los encantados, entonces, el niño tocó una roca y le dijo: 

--¡Hola, estás encantada! 

La roca no le pudo contestar porque quedó encantada al igual que todo lo que rodeaba al niño. Aprovechando la quietud del encantamiento, el niño inhaló con dificultad un poco de aire y subió a la superficie apoyándose con sus dos manitas en los bordes de la nada.

Cuando salió del cenote, encontró a los aluxes que reían y se burlaban de él, el niño se sacudió el polvo de sus rodillas y uno de ellos le preguntó: 

--¿Qué te gusta más, volar en el cielo o en el fondo de la tierra? 

--El niño alzó la cara y contestó muy enojado: ¡Me da lo mismo! 

--¿Cómo? --preguntaron los aluxes y continuaron-- ¡hay una gran diferencia entre el cielo y la tierra! 

Los aluxes le hicieron más preguntas y el niño pronto se aburrió, tenía mucha hambre y estaba harto de tantos cuestionamientos, así que decidió arrebatar a los aluxes las cuentas de jade que portaban en sus pechos e inmediatamente después las aventó dentro del cenote, los aluxes se molestaron y preguntaron: 

--¿Por qué lo hiciste? 

--El niño contestó: ¿Son muy importantes para ustedes? 

--¡Naturalmente! --respondieron— 

El niño tomó de los cabellos a los aluxes, los aventó al interior del cenote y les dijo: 

--“Pues vayan por ellas”. 

Los aluxes cayeron al vacío, el niño aprovechó que estaban lejos y les gritó: 

--“Están encantados” 

Los aluxes quedaron inmóviles pero sus cuentas de jade siguieron cayendo. 

El niño dio media vuelta y caminó hacia su casa, iba pensando en unos frijolitos con mayonesa cuando se topó con los dragones que lo esperaban en la entrada de un templo maya en ruinas, el niño los vio y determinó que desaparecieran de su mente, así sucedió, entonces el niño se percató de que sus pensamientos eran poderosos. 

Después de un rato de caminar y caminar, exclamó: 

--¡Quiero ir a mi casa! 

Rápidamente un viento azul lo llevó hasta la puerta de la cocina de su casa, su abuelita estaba terminando de preparar unos frijolitos refritos y le inquirió: 

--¿Dónde andabas? 

--Afuera, jugando –contestó—

Su abuela le sirvió con mucho amor un plato lleno de frijolitos, el niño les puso mayonesa y se los devoró; después de un silencio, inquirió: 

--¿Agüe, a ti que te gusta más, el techo o el piso? 

La abuela lo miró a los ojos y le contestó: 

--El horizonte, m’hijo, el horizonte…












4 comentarios:

  1. journalis ahora si como te comente realmente te inspiraste
    para mi gusto esta
    EXCELSO !!!!!!!!!!!

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  2. No dejas de sorprenderme tambièn tienes literatura para niños, que interesante. saludos

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  3. Claudio porfavor explicame como le haces para escribir estos cuentos tan encantadores......., no hay duda, te admiro mucho!, gracias por seguir enseñandome, me encanta la manera que tienes de mirar al mundo........MAESTRO!

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