miércoles, 1 de enero de 2014

Olmecas / El Monumento 13 de La Venta




“Queridas lectoras, estimados lectores, el día de hoy iniciamos el año gregoriano 2014, es par y la suma de sus números nos da 7, como 7 colores primarios vemos y tonos musicales escuchamos. Cada 7 años renovamos por completo las células de nuestro cuerpo y 7 son los días de nuestras semanas. Las matemáticas se acercan a la percepción divina porque tornan predecibles los eventos y develan cíclicas coincidencias dispuestas a ser veneradas, entonces los números adquieren poder al transfigurar los símbolos en significantes; en éste escenario, los seres humanos hacemos propio al sentido de veracidad que nos conduce a la realización por encima del destino natural y, cuando cumplimos una meta o sorteamos un desafío, reconocemos que la sustancia que nos produce satisfacción no se encuentra en lo que creemos o interpretamos sino en la intensidad conque lo hacemos…”

En 1943, Philip Drucker y Waldo R. Wedel descubrieron el monumento 13 de La Venta, Tabasco. Analizando su factura, Beatriz De la Fuente y Tillie Smith han cuestionado que se trate de una expresión artística olmeca aunque no parece haber sido traído de otra latitud ya que fue esculpido en una columna de basalto reutilizada. En todo caso, quizá pertenezca a un periodo tardío, el consenso de las dataciones establece que fue esculpido entre el 600 y 200 a. C. 

Conocido popularmente como El Embajador o El Caminante, el individuo del monumento 13 sostiene un banderín en su mano izquierda, debajo de ella observamos una columna con tres signos, de arriba abajo el primero parece una pelota o un círculo, el segundo pudiera representar una flor y el tercero a la cabeza de un ave; detrás de él se ubica la huella de un pie humano. Éstos 4 símbolos pudieran formar parte de un mensaje cifrado o constituir una frase inscrita en un sistema de escritura primigenio olmeca.

El epigrafista Alfonso Lacadena García-Gallo ha propuesto una lectura al texto del monumento 13, sugiere que los cuatro símbolos forman parte de un único texto y durante su participación en la Mesa Redona Olmeca, Balance y Perspectivas celebrada en 2005 en el Museo Nacional de Antropología e Historia, presentó una lectura a los 4 símbolos del monumento 13, obra en la que aparecen los primeros esbozos de comunicación escrita en La Venta.

Nos dice Lacadena: “ La orientación hacia la derecha del signo de cabeza de ave del monumento 13 de la Venta sugiere que el orden de lectura del monumento es de derecha a izquierda… Del primer signo que abre la inscripción destaca el tamaño distinto que presenta en comparación a los otros signos del texto… es visiblemente más pequeño que los demás signos que componen la inscripción. El menor tamaño del signo, su forma circular y su posición al inicio del texto me llevan a sugerir que el signo en realidad es un numeral, el logograma UNO… (el segundo signo) sería, entonces, posiblemente, el logograma de uno de los 20 días del calendario olmeca. La ausencia de trazos internos conservados, la falta de ejemplos con los cuales establecer comparaciones y el casi absoluto desconocimiento que tenemos sobre la posible lista de nombres de días en el calendario olmeca impiden identificar el día concreto. No obstante, el contorno lobulado del signo y la comparación con listas de logogramas de nombres de días de otras escrituras mesoamericanas permiten… considerar los del “viento”, “agua”, “temblor”, “nube” o “flor” (como probables referencias del segundo símbolo lobulado del monumento 13)…  el glifo que representa una cabeza de ave, como ha sido reconocido hace tiempo (David Kelley 1966 y Joyce Marcus 1992), No es posible asegurar si es un término genérico de “ave, pájaro” o nombra una especie concreta (grulla, garza, gavilán, águila, paloma, zopilote, por ejemplo). La aparente presencia de trazos en el interior del signo podría apuntar a que el logograma nombra una especie diferenciada. Sobre la interpretación del papel que cumple este signo-ave en el texto, sigo a Kelley y Marcus al considerar que puede tratarse del nombre o título del personaje representado”.

Alfonso Lacadena comenta a propósito de la huella del pié: “Este signo suele materializar en distintas escrituras mesoamericanas como verbos con sentido de desplazamiento, “llegar” o “ir”… significados relacionados de “ir”, “llegar”, “venir”, “caminar” son plausibles para este signo… tenemos un breve texto compuesto por cuatro signos distribuidos en dos columnas que se leen de derecha a izquierda, y que consistiría en una referencia calendárica compuesta por un número y un nombre de día, un nombre o título y una expresión verbal (quizá un verbo intransitivo)”

Lacadena puntualiza que en la ordenación sintáctica del monumento 13, el número precede al sustantivo (el punto al símbolo lobulado) y el sujeto al verbo (el ave a la huella), éste orden excluye a las lenguas mayas, oto-mangues y uto aztecas, quedando únicamente la lengua totonaca y la mixe-zoque como probables lenguas habladas por los olmecas de La Venta.En un análisis sustentado en el criterio de distribución geográfica que determina desde tiempos etnohistóricos la presencia de la familia mixe-zoque en el área nuclear olmeca y considerando los rasgos sintácticos identificados, Lacadena considera que el mixe-zoque muy probablemente fue el idioma hablado al menos por uno de los pueblos olmecas que habitaron La Venta y, en ese idioma puede estar inscrito el texto del monumento 13 para el que Alfonso Lacadena propone la siguiente paráfrasis: (En) 1 DÍA, el señor-ave llegó/llega.



Durante una de las sesiones privadas de los participantes en la Mesa Redonda Olmeca del 2005, el epigrafista Lacadena profundizó en el análisis de la escritura olmeca con el ejemplo de una pieza de Tlapacoya, Guerrero, situada en la Fase Manantial hacia el año 1000 u 800 a. C.que posiblemente cuente con dos símbolos que pudieran ser logogramas que están dibujados en sintaxis oto-mangue y representan una fecha del calendario, propuesta que cuestionó Caterina Magni de la Universidad París-Sorbona, Lacadena respondió que poco sabemos realmente del calendario olmeca pero existen numerales en Teopanticuanitlán, en La Venta o en el dibujo de la pieza en cerámica que mostraba alzándolo con la mano derecha. Señaló que los argumentos deben sustentarse en pruebas científicas, que en ciencia lo sencillo es lo correcto, rememoró que un físico comentó alguna vez: “denme un dato, un hecho y me postraré frente a él”, comentó:“estamos confundiendo en ciencia lo razonable con lo razonado, yo puedo hacer una teoría muy bonita, razonable de decir, esto pudo ocurrir así entonces uno se queda seducido por el discurso y dice ah pues sí… pero lo razonable no significa que sea razonado y ante todo procuramos ser científicos, incluso aunque estamos en disciplinas implicadas en ciencias humanas, pero entonces, sin método, sin pruebas, no podemos hacer nada, avanzamos en el aire y nos caemos…”

Sentada en la enorme mesa que reunía a los investigadores olmecas y en el otro extremo de Alfonso Lacadena, la arqueóloga Caterina Magni disentía con algunas argumentaciones de sus colegas y comentaba percepciones profesionales con el lingüista Søren Wichmann. Evidenció desacuerdo con una interesante disertación de Louise Paradis de la Universidad de Montreal sobre la diversidad olmeca en la que recordó uno de sus ensayos donde había propuesto diferenciar el asunto político y social de la difusión de una identidad religiosa olmeca tal y como sucedió con el Cristianismo en Europa, donde se difundió el credo sin conquistar territorios o imponer un idioma y una cultura. Al concluir Louise Paradis, tomaron la palabra otros investigadores y cuando tocó el turno a Caterina Magni,en un breve comentario formuló dos demoledoras preguntas a Alfonso Lacadena:

“Usted habla de ciencia y de científico y de algo de tesis muy bien dicho, entonces yo tengo dos preguntas para usted: ¿cómo se puede emitir una tesis y afirmar que un pueblo olmecas, unos olmecas, hablan un idioma con un solo ejemplo, el monumento 13 de La Venta, me parece muy poco, personalmente yo creo que hay que trabajar con muchos datos y… como se dice… recortar los dato, eso es ciencia. Segundo, usted sabe que hay la costumbre de pintar las esculturas en Mesoamérica, usted lo sabe, se pone estuco y después se pintan, esto circulo que usted dice es un numeral, con mucha seguridad puede ser un cartucho vacío que va ser pintato después y la flor también, entonces eso es verdad, de mi parte su tesis ya se fue”

Cuando volvió a tomar la palabra Alfonso Lacadena, respondió que en el caso del dibujo de la cerámica de Tlapacoya, tuvo que considerar un solo texto no porque hubiera desechado mil sino que “es que no había más que uno y hay que trabajar con lo que hay”; apuntó que se trataba de cerámica incisa por lo que dudaba que contuviera algo encima. En cuanto al monumento 13 en el que propuso un UNO al primer símbolo de los tres que están alineados, recordó que había otros dos ejemplos con el numeral primero: el seis con un signo debajo-posiblemente “viento”- en Tres Zapotes así como el de San Andrés donde el numeral 3 está a la izquierda: “vemos que en esa zona hay una sintaxis recurrente en la que al menos el numeral se escribe antes del día” y concluyó deseando que algún día se encuentren más textos olmecas y que entonces se corrija lo que se tenga que corregir, por el momento, tenemos que trabajar con lo que existe.

Considero que estamos delante a un escenario en el que la propuesta y la crítica son igualmente contundentes. Sugiero entonces que el primer símbolo que Magni ve como un cartucho y que efectivamente, como ella apunta, pudiera estar pintado, cabe la posibilidad de que estuviese pintado de color negro, entonces se reforzaría la propuesta de Lacadena de que es un numeral e igualmente pudiera estar pintado el símbolo lobulado, pero quizá el color acentuara su carácter de logograma calendárico; objetivamente, si fueran cartuchos, no habría espacio para escribir en ellos o dibujar grafemas, tomando en consideración que los colores son parte del lenguaje cifrado y que en las expresiones precolombinas forma y fondo son unidad, la solución salomónica a las dos propuestas es que estamos delante a un texto en idioma mixe-zoque donde el color y la forma constituyen un lenguaje unitario.

Finalmente deseo comentar lo que podemos leer en el monumento 13 además de la propuesta de Alfonso. Al igual que en otras esculturas monumentales, hay rastros de un atentado al monumento 13, los orificios que ubicamos por toda la obra no fueron provocados por la erosión, se identifican realizados por la acción premeditada de los seres humanos: su disposición es selectiva, lo huecos fueron realizados a una profundidad uniforme y dos líneas son interesantes de observar con la reserva de sus significantes, aquella que rompe o fractura la rodilla izquierda (ámbito del nahualismo) y la que alarga el lóbulo del ojo; por otra parte, el banderín que sostiene el personaje, también tiene un preciso orificio que lo separa de la mano. Ésta práctica pareciera responder a la tradición olmeca --que luego hicieron propia los mayas—de “matar” ritualmente a la escultura. En nuestra mentalidad, destruir significa aniquilar, hacer polvo la piedra, borrar por completo sus significantes o con furia animal partir en mil pedazos al monumento, sin embargo, en el universo precolombino, matar ritualmente, significaba que el monumento o la estela perdía su espíritu, su alma, su esencia: el ch’ulel o energía vital que los precolombinos imbuían a sus objetos cuando con ofrendas de sangre los convertían en sujetos.


Diversos monumentos y cabezas olmecas de La Venta presentan golpes y orificios, posiblemente en algún periodo de crisis, una sublevación popular atentó contra los símbolos del poder de los dignatarios, quizá hubo alguna invasión, en realidad desconocemos el motivo de las muertes rituales de las esculturas olmecas, lo cierto es que aunque perdieron el ch’ulel, conservaron las grafías que se traducen con rigor científico para comprender racionalmente los rituales y los eventos que los olmecas vivenciaban en el ámbito de la otredad.

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